viernes, 27 de agosto de 2021

UNAL sigue siendo una de las 10 mejores de Latinoamérica

 Por cuarto año consecutivo, la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) forma parte de las 10 mejores universidades de América Latina, ocupando el décimo lugar entre 416 instituciones clasificadas según el Ranking QS Latinoamérica, y ubicándose en el segundo lugar en el país.

El Ranking QS Latinoamérica es una herramienta para los estudiantes de la región, mediante la cual pueden comparar el desempeño y la calidad de las universidades en términos de impacto y productividad de la investigación, compromiso docente, empleabilidad, impacto online e internacionalización.

Brasil con 94 universidades, México con 66 y Colombia con 61, son los destinos de estudio favoritos en la región, pues representan el 54 % del listado del ranking, es decir más de la mitad de todas las universidades clasificadas.

En esta ocasión el ranking evaluó a 418 instituciones considerando 8 indicadores: reputación académica (equivalente al 30 % de los puntos), reputación de empleadores (20 %), relación estudiantes-profesores (10 %), citaciones por artículo (10 %), artículos por profesor (5 %), profesores con doctorado (10 %), impacto en página web (5 %), y redes internacionales de investigación (10 %).

La UNAL es líder en el país en el indicador de reputación académica, con una calificación de 99,8 puntos de 100 posibles, mientras que en Latinoamérica ocupa el séptimo lugar. Este indicador se obtiene con base en los resultados de la encuesta mundial de académicos en cuanto a la calidad de la enseñanza y de la investigación por áreas de conocimiento.

El indicador de reputación del empleador es el más fuerte para la UNAL ubicándola en el segundo puesto en América Latina, con 100 puntos. La información se obtuvo a partir de una encuesta en línea realizada por QS a los empleadores sobre las universidades que ellos consideran que forman a los mejores estudiantes para su futura inserción en el mercado laboral.En cuanto al indicador de artículos por profesor, la UNAL presentó una calificación de 73 puntos sobre 100 posibles, una medición que corresponde al número de artículos publicados por profesor con información tomada de la base de datos Scopus en los últimos cinco años.

La UNAL también se destacó en la medición de profesores con doctorado, en la cual se evalúa la calidad de la formación del personal académico, detectando la proporción de ellos que ha alcanzado el nivel educativo más alto en su área de especialización. En él, la Universidad logró una calificación de 90,5 puntos sobre 100 posibles, siendo una medida que refleja el compromiso con la docencia y la investigación de alta calidad.

Más profesores por número de alumnos

Según los estándares de calidad para la educación superior, la relación del número de estudiantes por profesor corresponde a una proporción entre 12 y 15 estudiantes por profesor, sin embargo, para el ranking QS Latinoamérica la medida la establece el resultado de la universidad número 1 en este indicador de la región, en este caso el óptimo lo presenta la  Pontificia Universidad Católica de Argentina (universidad privada) con una relación de 4 estudiantes por profesor


Para la UNAL este es un indicador crítico en el que obtuvo una calificación de 29,5 puntos de 100 posibles, debido a que presenta en promedio una relación de 18 estudiantes por profesor. Sin embargo, esta medida varía según las sedes, pues en Bogotá hay una relación de 17 estudiantes por profesor, mientras que las otras sedes andinas mantienen en promedio una relación alrededor de 25.
Para que la UNAL llegue al estándar internacional de 12 estudiantes por profesor se requiere ampliar la planta profesoral en 1.400 docentes de tiempo completo, para una matrícula aproximada de 54.000 estudiantes, lo que significa tener un total de 4.455 profesores.








miércoles, 18 de agosto de 2021

Lectoescritura en la escuela: ¿de quién depende?

 La formación profesional y disciplinar universitaria de los profesores de bachillerato estarían moldeando las experiencias de lectura y escritura de sus estudiantes de forma muy diversa, desde las asignaturas a su cargo, a falta de un acompañamiento en casa y de refuerzo desde la primaria en los procesos de aprendizaje.

Ante esto, la inclusión de enfoques curriculares integradores de la educación básica primaria en la secundaría ayudaría a generar procesos de aprendizaje más articulados e interdisciplinares, que les permitirían a los estudiantes tener experiencias más comprehensivas y significativas de los procesos de lectoescritura en las diferentes asignaturas.

Así lo deja ver la investigación del profesor, Ismael Alfonso Corredor Rodríguez, magíster en Educación de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), la cual describe las concepciones de lectura y escritura en las asignaturas de un grupo de estudiantes y docentes de grado sexto de un colegio público en Bogotá D.C.

“Como docente, veía a los estudiantes de sexto grado tener dificultades para expresar sus ideas en la parte escrita, problemas en la comprensión de lectura inferencial y crítica, y no tenían una comunicación fluida entre las asignaturas. De ahí surge en parte el interés por ver qué se lee y se escribe en sexto en las otras asignaturas, y a partir de ahí, tratar de identificar unas posibilidades de trabajo”.

El estudio contó con entrevistas semiestructuradas a estudiantes del sexto grado, que abordaron, entre otros, el contexto familiar sobre qué se lee y qué se escribe en casa, en la escuela primaria, qué les gusta y qué no, cuándo planean la escritura y cuándo no, lo que buscó una historicidad en los procesos lectores en las diferentes asignaturas vistas.

También se hicieron entrevistas al grupo de docentes que trabajaron con estos estudiante, en las que fue posible identificar que algunas de sus prácticas lectoras o de escritura tiene que ver mucho con la historia que estos tuvieron en el colegio o en la universidad y que aterrizan en la escuela.

“Los estudiantes parecían tener una mayor comprensión de lo que implica leer y escribir, pero es algo que va más allá de las actividades escolares, se trata de actividades por fuera de la escuela y van más ligadas al lenguaje verbal y audiovisual. Por otro lado, los docentes mostraron tener una concepción disciplinar más rígida de la lectura y la escritura en sus asignaturas. Se centran de forma más rigurosa en los pedagógico, dejando de lado el mundo exterior”.

El estudio contó con entrevistas semiestructuradas a estudiantes del sexto grado, que abordaron, entre otros, el contexto familiar sobre qué se lee y qué se escribe en casa, en la escuela primaria, qué les gusta y qué no, cuándo planean la escritura y cuándo no, lo que buscó una historicidad en los procesos lectores en las diferentes asignaturas vistas.

También se hicieron entrevistas al grupo de docentes que trabajaron con estos estudiante, en las que fue posible identificar que algunas de sus prácticas lectoras o de escritura tiene que ver mucho con la historia que estos tuvieron en el colegio o en la universidad y que aterrizan en la escuela.

“Los estudiantes parecían tener una mayor comprensión de lo que implica leer y escribir, pero es algo que va más allá de las actividades escolares, se trata de actividades por fuera de la escuela y van más ligadas al lenguaje verbal y audiovisual. Por otro lado, los docentes mostraron tener una concepción disciplinar más rígida de la lectura y la escritura en sus asignaturas. Se centran de forma más rigurosa en los pedagógico, dejando de lado el mundo exterior”.

Comunicación con los estudiantes

“Siempre hay que reorientar la comunicación con los estudiantes, no pensar que porque están en grados inferiores no son interlocutores válidos. Cuando se cierra la comunicación con ellos, los ambientes de formación no son los adecuados”, considera el investigador.

Según el magíster, desde la docencia se debe procurar formular estrategias que permitan suplir la ausencia del acompañamiento en el hogar y de esa forma los estudiantes puedan superar las dificultades lectoescritoras.

Y agrega que la lectura y escritura se debe promover a través del currículo, ya que es la forma en que los estudiantes dimensionan que la escritura no solo sirve para responder a tareas, sino que tiene relaciones con  las demás asignaturas y va más allá de las paredes de la escuela.

“Por ejemplo, cuando se trabaja en la escritura, un docente debe reconocer que hay etapas y procesos previos de planeación de lo que se va a escribir, la textualización o momento de escritura y la revisión final del escrito, en los que el estudiante entienda y tenga claridad sobre de qué va a tratar su texto, cómo va a desarrollar esas ideas y hacia quién va”.

Según el docente, muchos de los estudiantes entrevistados afirmaban que en sus clases  debían entregar de forma rápida los escritos, debido a los tiempos rígidos exigidos, por lo que se hace necesario una mayor flexibilidad en el acompañamiento y revisión de la escritura.

“Cuando un docente tiene claridad en el nivel de lectura de los estudiantes, es posible que enriquezcan las actividades que hacen, no solo de lectura, sino también desde la oralidad”.