Noticias del arte en el panorama Nacional y mundial .
Artistas Colombianos residentes en el exterior.
Una completa información de lo que sucede en el maravilloso mundo del Arte!
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Mediante estimaciones matemáticas se puede calcular la cantidad de energía que necesitaría una célula de insecto para expresar una proteína de interés, que luego se pueda usar en el desarrollo industrial de vacunas y tratamientos genéticos. Además, permiten constatar que el tiempo de infección –al menos seis horas– es una de las variables clave para que el proceso sea exitoso.
Por su alta complejidad, los procesos de la industria
farmacéutica –a partir de los que se realizan vacunas, tratamientos para
enfermedades raras o terapia génica– demandan gran cantidad de recursos humanos
y tecnológicos. De ahí que sea crucial conocerlos en detalle y hallar
alternativas que permitan trabajar de forma más rápida y eficiente.
En este sentido, Lina María Fajardo Figueroa, magíster en
Ingeniería Química de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín,
diseñó un proceso específico que emplea células de insectos (cogollero del
maíz, Spodoptera frugiperda) y virus para obtener “proteínas
recombinantes” que después se usan en el desarrollo de vacunas o tratamientos.
Ella trabajó con el virus de la influenza.
“Observamos con detalle el sistema (célula de
insecto-virus-proteína recombinante) desde una perspectiva in silico,
basada en modelamiento matemático a partir de principios termodinámicos, es
decir, con base en la energía que necesita la célula para sus procesos
bioquímicos y la cinética que representa el sistema biológico”, explica.
Modelo de caja negra es idóneo
Para su investigación, la magíster partió del modelo de caja
negra termodinámico, que se basa en los principios termodinámicos del
crecimiento microbiano y que se puede aplicar a sistemas biológicos más
complejos como los eucariotas.
“En definitiva tenemos un sustrato que es degradado para
obtener energía aprovechable en el crecimiento celular. Observar esto mediante
caja negra significa olvidarnos por un momento de lo que hace la célula en su
interior y enfocarnos en hacer balances de entrada y salida (del sustrato y los
subproductos celulares), tanto de materia como de energía”. Dicho modelo se
complementó con un modelo metabólico de escala genómica para extender el
entendimiento del comportamiento celular.
Así, se constató que es posible predecir las cantidades de
sustrato que demandaría una célula para crecer, mantenerse en condiciones
óptimas y luego expresar la proteína necesaria.
“Hacemos un conjunto de relaciones matemáticas con las que
podemos predecir las velocidades de consumo y secreción que necesita la célula
para realizar una actividad determinada. Aunque todavía se desconocen enzimas y
comportamientos intracelulares, el modelo de caja negra resultó útil, ya que
permite superar algunas de esas dificultades y entender los procesos a
diferentes escalas”, destaca.
Apoyada en las matemáticas
Otra etapa de la investigación consistió en evaluar el
momento específico en el que el virus ingresa a la célula para llevarle al
núcleo el gen de la proteína de interés y lograr su expresión.
“Mediante análisis cinéticos, que se caracterizan por tener
unas constantes que denominamos ‘constante de tiempo’, identificamos cuál es la
parte del proceso más relevante, cuál ocurre tan rápido que no deberíamos considerarla,
por qué una proteína podría salir defectuosa, etc.”.
Se encontró que las primeras seis horas de infección en las
células de insectos son críticas para determinar la homogeneidad del proceso.
“En este tipo de bioprocesos no están muy claros los parámetros de control que
se deben emplear. Nosotros propusimos el tiempo y funcionó muy bien. Ahora
sabemos que, en el caso de estudio, se le deben dar al virus al menos seis
horas para que su entrada sea homogénea y la expresión de la proteína recombinante
sea la adecuada”.
“Análisis como este permiten mayor versatilidad en los
procesos, incluso no tiene que tratarse de la misma célula ni la misma
proteína, sino que el método es extrapolable para determinar si es factible o
no y proceder con la parte práctica”, señala la investigadora.
Agrega que “analizar el proceso mediante esta metodología
permite responder más rápido a la demanda de productos biológicos. Si surge una
situación como la que tuvimos con el nuevo coronavirus, y los recursos para
experimentar tardan varios meses en estar disponibles, podemos ganar tiempo
haciendo simulaciones en computador para ir entendiendo y proyectando los
procesos”.
En Arauca, Casanare y Vichada, departamentos que conforman la llamada “cuenca de los Llanos Orientales”, las rocas del Cretácico poseen características para almacenar fluidos como hidrocarburos, agua e incluso ser reservorios para la inyección y almacenamiento de CO2, una de las claves para la restauración ambiental.
En dicha zona, la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH)
posee un amplio rango de crudo. Por ejemplo, Casanare es uno de los lugares que
más aporta a la producción de petróleo. Según el Informe de la Iniciativa de
Transparencia en la Industria Extractiva (EITI), del Ministerio de Minas y
Energía (Minenergía), en 2020 se produjeron más de 22 millones de barriles; de
estos, el municipio de Tauramena aportó el 70,93 %, un dato relevante si
se tiene en cuenta que el país genera alrededor de 771.008 barriles por día.
Para su trabajo de grado, el geólogo Javier Peña, de la
Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá, tomó información de 70
pozos perforados en Casanare en la década de 1960.
Con ello intentó sentar las bases de un modelo regional que
pueda predecir cuáles serían las mejores condiciones para la exploración de
hidrocarburos de la sucesión cretácica en los Llanos Orientales.
Dentro de su análisis identificó una variación facial
-cambio en las condiciones de sedimentación- de las rocas que conforman lo que
se conoce como Formación Gacheta hacia el nororiente de la Cuenca, lo que a su
vez implica un cambio en las condiciones de reservorio o de sello de esta
unidad. Confirmando así que las mejores condiciones para la exploración de
hidrocarburos se encuentran hacia la zona occidente, Casanare, en donde además,
la sucesión cretácica cuenta con el mayor espesor.
“El hallazgo no se limita a la exploración petrolera, sino
que también puede funcionar como reservorio de dióxido de carbono (CO2).
Esto funciona de manera muy similar al alojamiento de hidrocarburos: si tenemos
una roca reservorio y una roca sello (que evita la migración de estos) funciona
para inyectar CO2 de la atmósfera y contribuir así al
cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible”, explica el geólogo
Peña.
Sucesión cretácica
Como los Llanos Orientales se consideran como la provincia
petrolífera más grande de Colombia, son ampliamente estudiados; sin embargo, la
mayoría de los campos conocidos se relacionan con trampas estructurales en
yacimientos de areniscas fluviales del periodo Cenozoico (hace unos 65 millones
de años).
El estudio del geólogo Peña es uno de los pocos que se
centra en la sucesión cretácica como campo de análisis. Este periodo comenzó
hace 145 millones de años y terminó hace 66 millones de años.
“Para esa época el territorio de Colombia estaba cubierto por un mar epicontinental, y lo que hoy son los Llanos Orientales eran una parte de la costa. La meteorización y erosión de las superficies emergidas constituyen el sedimento -material sólido que se acumula en depresiones morfológicas- que luego por procesos de diagénesis conforman las rocas que integran la sucesión cretácica en los Llanos, el estudio de las características de estas rocas nos da una pista acerca del arreglo paleogeográfico durante este periodo, expresa el geólogo Peña.
La erosión de las rocas emergidas se convierte en
sedimentos, es decir en material sólido acumulado sobre la superficie
terrestre, y la sucesión cretácica en esta zona es la evidencia de esa
sedimentación que se convierte en roca. La falta de estudios en este periodo
impide conocer el potencial de las formaciones de roca, y justo es ese
precedente el que queremos dar”, señala.
Formaciones de roca poco explorados
La sucesión cretácica en la zona de estudio se conforma por
las rocas reservorios con espesor de entre 20 y 100 m, allí se dan tres
formaciones de base a tope: Une, Gachetá y Guadalupe.
Esta investigación se enmarca dentro un macroproyecto
liderado por el Grupo de Investigación GMAS, en alianza con Neoil Exploratión
SAS y la Asociación Colombiana de Geólogos y Geofísicos del Petróleo, que contó
con la financiación de MinCiencias y el soporte de la ANH.
Para llevarla a cabo se tomó como muestra 70 pozos donde, a
partir de la información suministrada por la ANH y se reevaluaron los
resultados de las perforaciones.
Posterior a ello, filtró la información por medio de
variables como la calidad de la información y los resultados que tuvieron. “La
información luego se introdujo a un software donde se realizó
la correlación entre los pozos, para luego realizar los mapas con los
resultados”, explica.
Así evidenció que la primera es la Formación Une, que cuenta
con buenas características para alojar fluidos, entre ellos el hidrocarburo.
Posterior a esa se encuentra la Formación Gachetá, con características menos
alentadoras como reservorio.
“En cambio conforma un sello estratigráfico regional
respecto a la Formación Une. Ya que, si esta posee hidrocarburos, implica la no
migración de estos, comportándose como un sello y conformando lo que se conoce
como una trampa, delimitar el área en la que se mantiene esta condición es uno
de los objetivos del proyecto de investigación”, explica el investigador.
La Formación Guadalupe cuenta con características similares
a la Formación Une, respecto a la capacidad de considerarse como excelente
reservorio. Uno de los hallazgos de la investigación fue justamente identificar
la variación facial de la Formación Gacheta: “hacia el suroccidente presenta
mejores condiciones como sello, particularidad que se pierde hacia el
nororiente”.
La investigación contó con la co-dirección de los profesores
Javier Guerrero, del Departamento de Geociencias y el geólogo Chajid Kairuz.
Los resultados se publicaron en la revista Facies del Departamento de
Geociencias y puede ser consultada https://www.researchgate.net/publication/363661289_Revista_FACIES_Volumen_8_-2022
Solo 26 minutos bastan para comprender que la riqueza de la diversidad de los Llanos Orientales va mucho más allá de lo que se capta a simple vista. En Un universo oculto en el Casanare, un grupo multidisciplinario de científicos colombianos, entre ellos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), se interna en las sabanas de esta región para buscar ejemplares de fauna silvestre –aves, reptiles y anfibios– e identificar en ellos especies de parásitos de la sangre y células de la sangre(hemoparásitos
A largo plazo puede ocurrir que la población de cualquier
tipo de aves disminuya, porque tiene menos éxito reproductivo.
La bióloga de la UNAL Ingrid Lotta señala que “en 2020
afrontamos el salto de un virus que comprometió la salud y el bienestar de toda
la humanidad, lo cual evidencia que es muy importante estar pendiente de los
patógenos presentes en vida silvestre, porque un gran porcentaje de ellos se
convierten en las enfermedades emergentes de los humanos”.
A lo largo de 25 años de trabajo, el Grupo de Estudio
Relación Parásito Hospedero (GERPH) –liderado por la profesora Nubia Matta– ha tomado muestras
sanguíneas de miles de aves, reptiles y anfibios en el territorio colombiano.
Su trabajo de análisis ha permitido crear una extensa base
de datos abierta para investigadores de todo el mundo, además de reportar 9
especies nuevas de parásitos en aves y reptiles y 4 especies nuevas de insectos
potenciales vectores.
El aporte más reciente del GERPH se muestra en el
documental Un universo oculto en el Casanare, que muestra el
trabajo realizado por 18 investigadores de la UNAL, la Universidad
Internacional del Trópico Americano y la Universidad de Antioquia, quienes
realizaron entre 2021 y 2022 dos salidas de campo a Casanare para realizar el
muestreo de especímenes de fauna silvestre.
Dichos recorridos se realizaron en el marco de la
Convocatoria del Ministerio de Ciencias, Tecnología e Innovación (Minciencias),
Colombia Bio “Expediciones científicas nacionales y fortalecimiento de
colecciones biológicas.
Alianza prolífica
Parte del resultado de este trabajo se presentó hoy en el
Auditorio Dora Türk Molano del Edificio de Ciencias Gloria Galeano Garcés, de
la Facultad de Ciencias de la UNAL Sede Bogotá, el cual estuvo acompañado de un
conversatorio.
En este, la profesora Matta expresó que “somos megadiversos
en parásitos y por lo tanto nuestra investigación buscaba la caracterización
morfológica y molecular de estos nuevos parásitos, lo cual toma bastante tiempo
y consideramos que en uno o dos años terminaremos con esta tarea”.
El profesor Óscar Rodríguez, investigador de la Universidad
Internacional del Trópico Americano (Unitrópico), explicó que “Casanare ha sido
una cenicienta en la investigación y distribución de recursos, pero este tipo
de proyectos contribuyen a posicionar al país, el territorio y nuestra gente
como un hacedor de conocimiento y a que se dé un intercambio de saberes”.
Por otro lado, el profesor Héctor Rivera, del Instituto de
Biología de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de
Antioquia, se refirió a la importancia de que instituciones de educación
superior realicen estas alianzas porque cuando se cuenta con un grupo
interdisciplinario se tiene un motor para generar conocimiento.
Además, reconoció la calidad humana y el liderazgo de la
profesora Matta al lograr que todo un equipo trabajara por un objetivo en
común.
Sergio Cristancho, viceministro de Conocimiento, Innovación
y Productividad de Minciencias, resaltó la importancia de la existencia de las
políticas de Apropiación Social del Conocimiento y la Política de Ciencia
abierta que son el referente para la divulgación científica en Colombia, las
cuales buscan que la información no solo llegue a la esfera científica, sino
también a la sociedad civil y los territorios.
El profesor Fredy Fernando Chaparro Sanabria, director de la
Unidad de Medios de Comunicación (Unimedios), dijo que “divulgar ciencia,
tecnología, arte o cultura, es decir, el conocimiento, es un esfuerzo que nos
permite cumplir con un principio misional y realizar el sueño de construir una
sociedad que cree en la importancia de democratizar el acceso a la educación
como un pilar para la equidad, el bienestar y la justicia”.
Los asistentes al estreno pudieron evidenciar los nuevos
hallazgos logrados por este grupo de científicos y reconocieron la pasión y
vocación con la cual trabajan para seguir contribuyendo al desarrollo
científico del país y las regiones.
Esta coproducción es realizada por Televisión UNAL y el
Grupo de Estudio Relación Parásito Hospedero (GERPH) de la UNAL.
El metabolismo es el proceso que usa el organismo para producir energía por medio de los alimentos que ingiere. Proteínas, grasas y carbohidratos, activan las reacciones químicas que tienen lugar en las células de cuerpo y que son transformados en aminoácidos, ácidos grasos y azúcares. Si la actividad física es mínima estos compuestos se acumulan y su exceso puede desencadenar obesidad, presión arterial alta, diabetes o cáncer, entre otras enfermedades.
Durante un reciente ABC, sección de Periódico UNAL, dedicado al
tema “El metabolismo: más allá de los mitos, su función en el organismo”, la
profesora Angélica María González, del Departamento de Ciencias Fisiológicas de
la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) explica, “la importancia de llevar
una vida sana para que el metabolismo del cuerpo sea estable, ya sea mediante
procesos físicos o químicos de una persona que requiera de energía”.
Por lo general las personas hacen referencia al metabolismo
con base en el gasto de reservas de grasa, a lo que denominan “quemar grasa”;
cuando no las eliminan al ritmo que desean hablan de “metabolismo lento”, y,
por el contrario, “metabolismo rápido”, si es al ritmo deseado.
“Eso es un mito, lo que se ha demostrado es que existen
diferencias genéticas o epigenéticas en la capacidad de ahorrar la energía en
forma de grasa”, señala la especialista González.
De ahí la importancia de entender el concepto de
metabolismo: es el proceso mediante el cual el cuerpo transforma los alimentos
y las bebidas en energía.
“Durante este proceso, las calorías de los alimentos y las
bebidas se mezclan con el oxígeno para generar la energía que el organismo
necesita”.
Acciones físicas naturales como respirar, mover los
músculos, caminar, leer, respirar, crecer, pensar; y químicas como generar
circulación sanguínea, actividad cerebral, temperatura corporal y la
eliminación de desechos como orina o materia fecal, requieren de un proceso
metabólico basal natural, el cual genera entre un 60 y 70 % de consumo de
energía diario.
El metabolismo basal hace referencia a la velocidad a la que
una persona “quema” energía, en forma de calorías, mientras está en reposo.
La experta anota que esto se conoce teóricamente como “rutas
de construcción” y se dividen en dos: anabólicas (usan energía) y catabólicas
(liberan energía), dependiendo la actividad que se realice.
La cantidad de calorías que quema una persona en un día se
ve afectada por la cantidad de ejercicio físico que haga, la cantidad de grasa
y músculo que tenga su cuerpo y su metabolismo basal.
“Para adquirir energía metabólica se recomienda realizar
como mínimo 150 minutos al día de actividades físicas moderadas y consumir
alimentos de forma constante pero equilibrada”, agrega.
Según datos del Ministerio de Salud y Protección Social en
Colombia, tan solo 11,8 % de niños y jóvenes practican alguna actividad física
como jugar futbol, correr o montar bicicleta, y un 28 % de los adultos algún
deporte al aire libre o en centros de entrenamiento como los gimnasios.
La profesora recuerda que la inactividad física genera entre
otras afectaciones diabetes, hipertensión o problemas cardiacos. “Para mantener
el equilibrio no es siempre necesario realizar intensa actividad de ejercicios
o pasar mucho tiempo en el gimnasio o practicar un deporte extremo, basta con
alcanzar el equilibrio entre la calidad y cantidad de los alimentos que se
consumen y una actividad física moderada”.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), para
desarrollar un metabolismo sano se pueden realizar actividades como caminar,
bailar, nadar o montar bicicleta.
Para evitar un metabolismo inestable, la profesora González
recomienda: “recomienda realizar como minino entre 30 minutos y una hora de
actividad física al día, e ingerir alimentos, preferiblemente frutas o
verduras, reducir las porciones diarias de comida y disminuir el consumo de
alimentos procesados, harinas y azúcares.
Entre 1984 y 2017 los habitantes de Santiago de Cali, capital del Valle del Cauca, no solo transformaron sus hábitos alimenticios, es decir que dejaron de consumir maíz y cebada y añadieron más harinas, grasas y productos importados a su menú, sino que además redujeron las porciones e incrementaron la alimentación por fuera del hogar.
La investigación doctoral “Agroecología, consumo y
diversidad alimentaria: del agroecosistema al plato. Caso de Santiago de Cali
(1984-2017)”, expone que las actuales prácticas alimentarias desmejoran la
salud de los ciudadanos, pues no solo causan deficiencia en micronutrientes,
sino que también contribuyen a incrementar la diabetes, obesidad, hipertensión,
los ataques al corazón y accidentes cerebrovasculares.
En su estudio, el agro-ecólogo David Quintero Ángel, doctor
en Agroecología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Palmira,
también evidenció que los hogares con ingresos más bajos comen menos frutas y
más lentejas, fríjoles y garbanzos, entre otras legumbres, contrario a lo que
ocurre en los de ingresos más altos.
Para analizar el consumo de alimentos en distintos niveles
socioeconómicos, el investigador utilizó los datos de las Encuestas Nacionales
de Ingresos y Gastos Nacionales del Departamento Administrativo Nacional de
Estadística (DANE), con una muestra de 9.322 hogares en Cali, durante cuatro
cohortes: 1984-1985, 1994-1995, 2006-2007 y 2016-2017.
“Estas encuestas registran el presupuesto familiar de los
colombianos, y por lo tanto indagan por los ingresos y gastos de los hogares en
un periodo de tiempo determinado, además de incluir información demográfica”,
explica.
A partir del análisis de estadísticas descriptivas y
multivariadas que tuvieron en cuenta tanto los ingresos y egresos de los hogares
como los productos y alimentos consumidos, encontró una disminución progresiva
en la cantidad de alimentos consumidos por los hogares de Cali, que pasaron de
197.290.453 kg/mes en la cohorte 1984-1985, a 54.362.364 kg/mes en el periodo
2016-2017.
Sin embargo, el estudio sugiere que esta tendencia podría
estar marcada por el aumento del consumo de alimentos por fuera del hogar,
tendencia que se relaciona con cambios demográficos como la disminución del
tamaño de los hogares (Cali paso de 4,8 personas por hogar en 1984-1985 a 3,1
personas en 2016-2017) o la mayor participación de la mujer en la jefatura de
los hogares e inserción laboral, lo que probablemente modifica los patrones de
consumo.
Destacó que las legumbres son el grupo de alimentos de mayor
participación porcentual en todas las cohortes (de 28,6 a 30,2 %), seguido
por la categoría pan y cereales (14,3 a 18,7%), las carnes (8,8 a 11,6 %),
las frutas (9,0 a 12,0 %), la categoría leche, queso y huevos (7,3 a
15,2 %), y los aceites y grasas (4,5 a 1,9%).
Estratos altos comen más frutas y menos legumbres
A partir de los grupos de alimentos tradicionales consumidos
por los hogares –como frutas, lácteos, verduras, carnes y huevos– se calculó la
puntuación de diversidad alimentaria, la cual mide la cantidad de productos o
alimentos diferentes que se ingieren en un hogar en un determinado periodo.
Así, se encontró que esta disminuyó después del análisis de las cohortes
seleccionadas.
Según el investigador, “los hogares con un nivel educativo
más bajo tienen más diversidad de alimentos en el plato de comida, mientras que
aquellos con ingresos más altos tienen menos diversidad, pero consumen más
frutas y menos legumbres”.
“Aunque en el contexto nacional se han estudiado los cambios
en el sector agropecuario generados por la apertura económica, en general la
perspectiva de estos estudios se limita a la producción de alimentos y materias
primas, que corresponden solo a una parte del sistema alimentario, dejando de
lado la transformación, distribución y el consumo, que es precisamente el
enfoque de esta investigación”.
También considera que la demanda de alimentos juega un papel
muy importante en el sistema alimentario: “cuando los ciudadanos, conscientes
de su alimentación, empiecen a demandar alimentos sanos, agroecológicos y sin
tóxicos, con seguridad quienes abastecen se preocuparán y empezarán a cambiar
la oferta de alimentos”.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la
Alimentación y la Agricultura (FAO), a pesar de la oferta mundial de alimentos,
en el planeta cerca de 820 millones de personas tienen dietas de baja calidad.
Por su parte, en América Latina los grupos sociales más
desfavorecidos tienen una dieta alta en calorías y pobre en nutrientes, con una
menor ingesta de frutas y verduras, situación que se da por los precios de los
alimentos saludables, que son asequibles solo para una fracción de la
población.
Por el esfuerzo, la dedicación y el compromiso con el que realizan sus labores todos los días, el Ministerio de Educación Nacional (MEN) otorgó reconocimientos a las Instituciones de Educación Superior, sus docentes y estudiantes. Con sus múltiples programas reconocidos con Acreditación de Alta Calidad, la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) fue una de las protagonistas.
La Distinción Luis López de Mesa, la más importante en
acreditación, le fue entregada a 13 programas de pregrado y posgrado de la UNAL
Sedes Bogotá y Medellín.
De la Sede Bogotá, los programas de pregrado reconocidos
fueron: Física, Farmacia, Ingeniería Civil, Ingeniería Agrícola y Odontología;
las maestrías en Arquitectura, Ciencias Geofísica, Ingeniería de Materiales y
Procesos; y los doctorados en Ingeniería Mecánica y Mecatrónica, e Ingeniería,
Ciencia y Tecnología de Materiales.
De la Sede Medellín, los programas de pregrado de Ingeniería
Química, Ingeniería Ambiental y Artes Plásticas. El reconocimiento fue aceptado
por el profesor Carlos Augusto Hernández, Vicerrector Académico de la UNAL.
Es de resaltar que esta categoría premió a 128 programas de
58 instituciones de educación superior de todo el país.
Otro importante galardón fue para el docente Jereson Silva
Valencia, uno de los profesores más insignes del programa de Física, quien
recibió el Premio Francisco José Socarrás 2022 en el área de Ciencias Exactas
Físicas y Naturales, el cual reconoce su trayectoria como docente desde el 2003
en la Universidad.
El profesor Silva dirige el grupo de investigación de
Sistemas Correlacionados, en el cual se estudian temas de la física como los
átomos ultrafríos, los aislantes topológicos, la física de estados sólidos, los
materiales semiconductores y las nanoestructuras.
Entre las razones por las que se le otorgó este
reconocimiento fue el hecho de haber sido aceptado en 2021 como miembro de la
Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, además de haber
publicado 3 artículos internacionales que destacan por sus aportes a la
ciencia.
En la ceremonia también se premió a las instituciones con
los mejores resultados en las pruebas Saber Pro y TyT que realizan los
estudiantes al culminar sus carreras profesionales, técnicas y tecnológicas,
categoría en la que UNAL estuvo presente.
Otras instituciones que recibieron este galardón fueron la
Universidad de los Andes, la Pontificia Universidad Javeriana, y el Servicio
Nacional de Aprendizaje (SENA).
Entre los estudiantes que obtuvieron los mejores puntajes en
las pruebas Icfes Saber 11 en 2021, y que recibieron la Distinción Andrés
Bello, se encuentra Steven Linero, quien eligió a la UNAL como su casa y
actualmente cursa la carrera de Ingeniería Biológica en la Sede Medellín.
Como mensaje al país y a los miles de jóvenes que anhelan
obtener un espacio en la educación superior, Steven dijo lo siguiente: “no se
rindan, la universidad es un pilar para que aprendamos a escuchar al otro, una
sociedad que sabe escuchar al otro es una que puede salir adelante”.
El ministro de Educación Nacional, Alejandro Gaviria, quien
entregó las distinciones del evento, dio un discurso alrededor de la
importancia de seguir reconociendo a las personas que día a día aportan su
grano de arena a la educación en el país.
“En este momento en el mundo se habla mucho de la crisis en
cuanto a legitimidad de las instituciones, y me parece que es fundamental
resaltar la dignidad de los funcionarios del sector educativo que son la base
para el progreso de este campo”, aseguró el ministro.
Añadió que “reconocer la excelencia siempre ha sido una
forma de fomentarla, y por eso se distingue con este reconocimiento a los
mejores, y que ser mejor es llevarles la contraria a quienes no creen que se
puede, y entre otras cosas, a quienes simplifican de manera excesiva el mundo y
desprecian el conocimiento”.
La ceremonia se llevó a cabo en Bogotá, en la Sede Norte de
la Universidad Santo Tomás, y también se transmitió en vivo en el canal de
YouTube del Ministerio de Educación. Para ver de nuevo el evento puede ingresar
al siguiente enlace: www.youtube.com/watch