miércoles, 3 de febrero de 2021

Macrolepiota, un hongo que aportaría a la seguridad alimentaria

Aunque este hongo se ha descrito para distintas locaciones en Colombia y su uso comestible no se había planteado, se ha establecido que no es tóxico y que cultivarlo de forma controlada sería una opción para comunidades sin acceso a proteína de forma regular.

Así lo señala investigadora Andrea Portela, del Departamento de Biología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien recuerda que este hongo fue descrito por primera vez en 1999, por la micóloga y taxónoma Ana Esperanza Franco y está presente en Antioquia, Boyacá, Cundinamarca y Nariño.

Se encuentra especialmente en bosques dominados por pinos, eucaliptos y algunos robles nativos y hay registros de que se consumen en Iguaque y Chiquinquirá (Boyacá), donde se le conoce como “lechucitas”, pero no hay ningún desarrollo industrial en el país.

Para el estudio, primero se recolectó el hongo, se identificó en el Laboratorio de Fisiología de Hongos de la Universidad y una prueba de toxicidad a través del Test de Meixner, que dio negativo.

“Para el crecimiento micelial en el laboratorio se emplearon 8 medios de cultivo que se dejaron crecer durante 10 días a 25 oC y cada día se medía su crecimiento para saber cuál era el mejor medio, que resultó ser el Agar Extracto de Malta (MEA).

La investigadora explica que dentro del reino fungí, es decir de los hongos, existen unos conocidos como macromicetos, los cuales se reconocen por la generación de un cuerpo fructífero vistoso que los humanos aprovechan como alimento, como los champiñones y las orellanas.

“Estos hongos son conocidos como alimentos funcionales por sus propiedades nutricionales, y tanto diversas comunidades como la industria farmacéutica los han empleado para el tratamiento de enfermedades, por lo que es un campo potencial de investigación en países como Colombia donde existe una enorme diversidad de hongos silvestres aprovechables; no solo existen hongos comestibles, pues hay otros tóxicos y alucinógenos, por lo que se debe descartar que el hongo estudiado pueda ser dañino”, recalca.

Así crecen

El género Macrolepiota está compuesto por 30 especies conocidas en el mundo y suele crecer unos 20 cm; son especies saprofitas, es decir que crecen en suelos en descomposición, por lo que se puede recrear la composición del terreno.

“Ya se han cultivado especies como Macrolepiota pocera, popularmente hongo parasol, que es reconocido en el mundo por su sabor, tiene alto valor medicinal, es fuente de proteína, vitaminas, altas cantidades de fibra y bajo contenido graso. Taxonómicamente hablando, es la especie más cercana a Macrolepiota colombiana”, señala la bióloga Portela.

Para el crecimiento de la M. colombiana se prepararon seis mezclas que contenían 60 % agua y un sustrato como aserrín de eucalipto, aserrín mezclado, sorgo y junco, sorgo y cascarilla de arroz, hojas de roble y hojas de eucalipto.

“Para los sustratos se mezclan los materiales, luego se disponen en bolsas de polipropileno cerradas con cuellos de PVC y algodón, se esterilizan en un equipo llamado autoclave y en una cabina bajo luz ultravioleta, para matar cualquier microorganismo presente”, explica la investigadora Portela.

Después se puso en cada bolsa una cantidad del hongo que había crecido en las cajas de Petri y se incubó a 27 oC durante 50 días, los mejores fueron el sorgo-junco y sorgo-arroz.

“En sorgo y arroz, la colonización completa del sustrato se dio al día 50, igual que en sorgo y junco, este último un potencial sustrato para evaluar otras especies, y máxime si se considera la problemática ambiental de los humedales debido a esta especie”.

Para la última etapa se pusieron las bolsas abiertas en un invernadero casero –por las restricciones de la pandemia– con una capa de suelo esterilizado y hojas de eucalipto para simular las condiciones en las que normalmente crece.

“No pudimos evidenciar la fructificación del hongo por limitantes experimentales; para próximos estudios se recomienda emplear sustratos con un tamaño de partícula estandarizado bajo condiciones de invernadero controladas y con sustratos más ricos en nitrógeno”, puntualiza la bióloga Portela.

Por último, la investigadora también recalca que el siguiente paso son las pruebas organolépticas para saber qué tan comestible es el hongo, que se estudie la distribución en el país para encontrar sustratos nativos que se emplearían en la producción y plantear su posible uso comercial en el futuro para comunidades que tengan dificultades para obtener regularmente una fuente de proteína de forma.






miércoles, 20 de enero de 2021

Helado de anón silvestre, cremoso antioxidante

 Un helado elaborado con extractos de hojas, semillas, pulpa y epicarpio de anón silvestre, o guanábana de monte, tendría actividad antioxidante.

Así lo explora un estudio de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), en desarrollo del análisis de las posibles aplicaciones que tendrían alimentos propios de la región de la Orinoquia, donde se produce este fruto endémico.

La investigadora Marly Bustamante Correa, del Programa Especial de Admisión y Movilidad Académica (Peama) de la UNAL Sede Orinoquia, explica que su trabajo se enmarca en el estudio de frutas endémicas de los Llanos colombo-venezolanos, como el madroño, anón silvestre, cemeruca y merecure.

Por las condiciones climáticas cálidas de la Orinoquia, el proyecto planteó fabricar un helado cremoso de anón silvestre y ponerlo a prueba en un supermercado de Arauca comparándolo con un helado similar de guanábana tradicional.

La guanábana de monte forma parte de la familia Annonaceae en la que se encuentran 2.300 especies a lo largo del trópico, algunas comestibles y populares como la guanábana, el anón o la chirimoya.

“Para esta familia ya se han reportado sustancias con propiedades antioxidantes y antibacterianas, por lo que conocerlas es importante para posibles usos”, indica la investigadora Bustamante.

Como parte del estudio “Obtención de aceites y extractos etanólicos de plantas de la granja experimental El Cairo, ensayo de actividad antioxidante y obtención de un producto alimentario de guanábana de monte (Annona montana)”, los investigadores recolectaron muestras del anón silvestre de la finca que se encuentra en la UNAL Sede Orinoquia y obtuvieron los extractos con una técnica conocida como “extracción de sólido a líquido” usando etanol con una concentración del 70 %.

“Para saber si teníamos los extractos medimos la actividad antioxidante, específicamente el radical DPPH (abreviatura común para el compuesto químico orgánico 2,2-difenil-1-picrylhydrazyl) en cromatografía de capa delgada (CCD), lo que nos daba una idea de si había presencia de antioxidantes en cada parte de la planta y si potencialmente lo podíamos usar”, explica la investigadora.

Como encontraron compuestos antioxidantes en las semillas, hojas, pulpa y cáscara del anón silvestre siguieron con la elaboración del producto alimenticio.

A prueba en Arauca

“Para la degustación tuvimos 60 encuestados, quienes calificaban de 1 a 5 características como olor, color y sabor; frente a la guanábana tradicional la calificación es más constante, tal vez por la familiaridad con el producto, mientras que con la guanábana de monte los datos son dispersos, es decir que la calificación es variable; 62 % de los encuestados sí compraría el helado, y el 82 % lo usaría en otras preparaciones” comenta la investigadora.

Otro dato de la prueba es que mientras el 97 % de las personas reconoció el helado de guanábana tradicional, en el caso del producto de la investigación encontraron respuestas tan variadas como que era de banano, de cambur, de guanábana y de piña, entre otras frutas. El 73 % de los encuestados no conocía los usos de la guanábana de monte y el 47 % no la distinguía en fotos.

Por último, la investigadora dice que el paso a seguir es obtener los valores de rendimiento de cada extracto, seguir con el estudio de actividad antioxidante de cada extracto y someterlos a ensayos de bioactividad.

Además, indica que el potencial de la región en el aprovechamiento de variedades vegetales es enorme y es necesario darle reconocimiento a las plantas endémicas y nativas para no desaprovechar sus propiedades, por desconocimiento.

















jueves, 10 de diciembre de 2020

“La educación es la principal herramienta para lograr el cambio”

 

Desde el marco del proyecto de Monitoreo Climático en el área de influencia de la central Hidroeléctrica Sogamoso, se adelanta una estrategia de Monitoreo Climático Participativo, la cual vincula instituciones educativas pertenecientes al Programa de Educación Ambiental de ISAGEN, en donde se capacitan los estudiantes destacados de los grados décimo y once, por medio de talleres didácticos sobre el comportamiento del clima, fenómenos de variabilidad climática y temas ambientales como la mitigación del cambio climático.

Esta estrategia inició en el año 2017, a cargo del Ingeniero biotecnológico Fabián Alberto Rangel Silva, un cucuteño de 31 años que se ha sabido ganar el cariño de rectores, maestros y estudiantes de diferentes instituciones educativas del sector rural de los municipios de San Vicente de Chucurí, Betulia y Zapatoca (Santander). “El profe del clima”, como lo llaman sus estudiantes, ha logrado consolidar y apoyar este proceso pedagógico durante cuatros años, en donde los estudiantes y maestros son capacitados para compartir conocimientos científicos por medio del monitoreo y del registro de variables climáticas.

Para ello, Fabián Rangel, ha venido realizando periódicamente capacitaciones a los estudiantes en el manejo adecuado de los equipos de medición instalados en sus instituciones, sobre la organización y el análisis de bases de datos con ayuda de programas como Excel, logrando de esta manera fortalecer áreas académicas como: matemáticas, ciencias naturales, física, química e informática.

“Lo que más me ha gustado de trabajar con colegios, es darme cuenta de mi vocación por la docencia. Así mismo, los encuentros que realizamos con la comunidad, donde realmente uno termina aprendiendo muchísimo de ellos y se llena de gratificación al ver como se interesan por aprender y por construir conocimiento. Es por eso que he decido hacer la maestría en práctica pedagógica, para tener las herramientas y el conocimiento necesario, para conocer las estrategias que facilitan los procesos de enseñanza a partir de las particularidades de las comunidades rurales con las que trabajamos”, mencionó Fabián Rangel.

Para el profe del clima, esta experiencia lo ha llevado a encontrar una de sus pasiones, que es la educación ambiental, lo cual lo motivó actualmente a iniciar sus estudios como maestrante en Práctica Pedagógica en la Universidad Francisco de Paula Santander, de Cúcuta y a futuro se visualiza como docente e investigador, liderando procesos pedagógicos, ya sean orientados a la educación ambiental de las comunidades, o a la enseñanza de las ciencias.

Adicionalmente al trabajo con las instituciones, también se desempeña analizando estadísticamente la información recolectada por la investigación y trabajando de manera articulada con el equipo socio comunicacional en la construcción de materiales didácticos y cartillas para el desarrollo de las diferentes estrategias del proyecto.


miércoles, 25 de noviembre de 2020

Alimentos serían pasteurizados mediante pulsos eléctricos

 Un equipo que produce campos eléctricos pulsados de alta tensión, también conocido como pulsos de alto campo eléctrico, se constituye en una alternativa para pasteurizar alimentos líquidos como la leche o los jugos naturales.

“El procesamiento por campos eléctricos pulsantes (CEP) es una nueva tecnología para inactivar microorganismos y enzimas; se hace a temperatura ambiente o de refrigeración, mediante la aplicación de una breve descarga de alto voltaje sobre los alimentos colocados entre dos electrodos por tiempos del orden de los microsegundos”.

Así lo explica Andrés Felipe Guerrero Guerrero, magíster en Ingeniería - Automatización Industrial de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Manizales, y agrega que a diferencia de la aplicación térmica convencional, esta permite obtener alimentos mínimamente procesados con las mismas cualidades sensoriales y nutricionales, garantizando su inocuidad alimentaria y preservando sus compuestos bioactivos.

En el método convencional de pasteurización –proceso térmico por medio del cual se destruyen los microorganismos patógenos– se requiere la combinación con otro proceso de conservación, normalmente la refrigeración, la congelación o el uso de aditivos (acidulantes, azúcares concentrados, etc.). Esto implica cambios sustanciales en la calidad nutricional y sensorial de los alimentos por exceso de cocción, cambios de textura y de sabor.

El proceso desarrollado en la UNAL Sede Manizales consiste básicamente en aplicar una corriente eléctrica en forma de pulsos muy breves a través de un alimento colocado entre dos electrodos.

“Es un proceso no térmico, ya que los alimentos tratados se mantienen a temperatura ambiente o inferiores a las de pasteurización del alimento. Por eso los alimentos tratados por esta tecnología tienen unas propiedades sensoriales y nutritivas más parecidas a las del producto fresco. Los pulsos eléctricos provocan la destrucción de la membrana celular de los microorganismos por electroporación sin un aporte significativo de calor”, explica el magíster Guerrero.

Agrega que “este equipo, además de ser económico y fácil de implementar con dispositivos que se pueden obtener en el mercado nacional, no introduce cambios químicos significativos en los alimentos y no se puede considerar como aditivo alimentario; por el contrario, es una tecnología efectiva, segura y limpia”.

Los aspectos más importantes de esta tecnología son la generación de campos eléctricos pulsantes de alta intensidad, el diseño de cámaras para el tratamiento del alimento, de tal manera que este reciba un tratamiento uniforme con un mínimo incremento de la temperatura, y el buen diseño de electrodos para minimizar la electrólisis.


Amplían colección de mamíferos fósiles en el Valle

 Bóvidos (parientes de las vacas), proboscídeos (grupos de elefantes) y caballos autóctonos de Sudamérica que forman parte de esta colección fueron caracterizados por un equipo de expertos en desarrollo de una expedición para conocer el pasado fósil del Valle del Cauca.

Los resultados se presentaron en el Primer Congreso Colombiano de Paleontología, organizado por el Museo Paleontológico de Villa de Leyva de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá.

El biólogo Juan Sebastián Escobar Flórez, profesor de la Universidad Icesi y estudiante de la Maestría en Biodiversidad Tropical de la Universidad Federal del Estado de Río de Janeiro (UniRío), habló del importante trabajo paleontológico del que formó parte.

Esta investigación se enfocó en la última porción del tiempo geológico: el Cuaternario, que abarca desde hace 2,6 millones de años hasta la actualidad y se caracteriza por ser el periodo en el que ocurrieron ciclos glaciales (el planeta se congelaba y descongelaba constantemente).

Con este tiempo definido, el trabajo se dividió en dos partes: en la primera se hizo una revisión y caracterización de una colección previamente conocida gracias a Carlos Jaramillo, uno de los paleontólogos más importantes de Colombia. En la segunda se hizo una expedición en los sitios de origen de la colección para buscar más piezas, la cual fue apoyada por la National Geographic Society.

Un viaje de 4.000 años

Dentro de la colección revisada se encontró que las piezas más abundantes pertenecen a un bóvido, lo que generó gran expectativa pues este hallazgo es bastante raro. Después de una revisión detallada se encontró que ese bóvido es un tipo de ganado vacuno del que actualmente se conoce, pero del 1.600 aproximadamente, cuando ingresó a Colombia traído por los españoles.

Posteriormente se encontró un grupo de caballos autóctono de Sudamérica: el Equus neogeus, una especie muy distinta a la que se conoce hoy y que se extinguió hace más o menos 4.000 años –por influencia del hombre, cambios climáticos y otros factores–, como los otros mamíferos que forman parte de esta colección.

También hay un proboscídeo: el Notiomastodon platensis, un grupo de elefantes que vivió en Sudamérica, muy famoso, y que la gente suele llamar coloquialmente como mastodontes. También hay un perezoso gigante llamado Eremotherium laurillardi.

Por último, entre los nuevos hallazgos se encontraron venados; tayasuidos, que son el grupo al que pertenecen los tatabros y los pecarís (cerdos salvajes); unos zorros; una zarigüeya (chucha) y un carnívoro, los cuales están a la espera de que se identifique su especie.

La mayoría de estas especies se originaron en Norteamérica y llegaron a Sudamérica durante un proceso conocido como el Gran Intercambio Biótico Americano (GABI). Tener estos fósiles permite entender mucho mejor cómo llegaron, se establecieron y prosperaron estos grupos en una zona tan diferente a Norteamérica.

Además, este tipo de estudios paleontológicos también da unas ideas de cómo ha cambiado el Valle del Cauca en menos de 5.000 años, porque estos organismos estaban adaptados a zonas abiertas y de sabana, ecosistemas que hoy no tiene el departamento.

En palabras del biólogo Escobar, “es un hallazgo importante para el entendimiento paleoambiental del Valle del Cauca en la última glaciación”.

Historia escondida en el fondo del río

Este estudio fue un trabajo en equipo que se llevó a cabo con la colaboración de expertos de diferentes lugares, como Gheny Krigsfield, odontólogo e investigador asociado a la Universidad Icesi y el paleontólogo Jorge Moreno Bernal –de la Universidad del Norte–, quien realizó la revisión del estado del material (marcar y catalogar piezas).

Después se hizo una revisión taxonómica para determinar a qué grupos de especies pertenecían las piezas revisadas, trabajo adelantado por dos paleontólogos expertos en megafauna del Cuaternario: Leonardo dos Santos Ávila y Dimila Mothe, investigadores de UniRío. El biólogo Escobar apoyó tanto la catalogación como la revisión taxonómica.

El trabajo de campo para explorar nuevo material se realizó en el lecho (parte profunda) del río Cauca, en Yumbo y cerca al peaje que va de este municipio hacia Rosas (Cauca).

Allí los investigadores se sirvieron de la maquinaria que usan los habitantes de las dos localidades, con la cual normalmente sacan arena del río para construir. Mientras ellos dragaban el río, los expertos esperaban para observar si salía alguna pieza paleontológica.

Este proyecto buscó explotar y destacar el potencial paleontológico que tiene el Valle del Cauca, pues en el departamento se trabaja muy poco en este campo. 

 

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Nueva publicación internacional sobre investigación doctoral realizada en la Zona de Restauración Ecológica del Bosque Seco Tropical de El Quimbo

 

Aumentar las áreas de fragmentos de bosque y disminuir la cantidad de borde serían prioridades de restauración útiles para tres aves insectívoras del sotobosque y otras especies de aves similares, es una de las conclusiones de la tesis doctoral de Camilo Loaiza Gómez, biólogo de la Universidad Nacional de Colombia, a partir del trabajo que realizó apoyado por el Plan de Restauración Ecológica de Bs-T de El Quimbo.

El Plan de Restauración Ecológica de Bosque Seco Tropical de El Quimbo genera aportes académicos y científicos para la toma decisiones de manejo que mejoren la efectividad de las prácticas de restauración, y a su vez se fortalece la producción académica apoyada por el Centro de Investigación de Bosque Seco Tropical -Attalea-, gracias al apoyo que da al desarrollo de tesis de investigación a nivel de pregrado, maestría y doctorado.

En esta oportunidad, el logro lo obtiene el biólogo Camilo Loaiza, con la publicación de parte de su tesis doctoral en Ciencias-Biología de la Universidad Nacional de Colombia con el artículo: Variation in abundance and habitat relationship of three understory insectivorous birds in a disturbed landscape of Neotropical dry forest of Colombia, la cual es el resultado de un trabajo de campo exhaustivo y riguroso que inició en el año 2018 y duró 13 meses, con la recolección de información, validación de datos, inmersión en la zona, apoyado en el conocimiento y experiencia de conocedores locales vinculados como auxiliares de campo con la Fundación Natura en contrato con Enel-Emgesa.

El aspirante a Doctor, destacó que, “por la construcción y funcionamiento de la hidroeléctrica El Quimbo, en el centro del departamento del Huila en Colombia, como medida de compensación ambiental se debe restaurar un área de bosque seco tropical que tiene una extensión de 11.079 hectáreas y la fauna silvestre del lugar se beneficiará de este proceso restaurativo, sin embargo, para asegurar que ocurra esto, se debe generar información científica sobre ella”.

Por tanto, la evaluación de las relaciones entre las poblaciones de aves y su hábitat es importante para comprender la biología de estas especies y para tomar decisiones de manejo que mejoren la efectividad de las prácticas de restauración. De ahí, que la investigación responde a la pregunta: ¿cómo la variación del hábitat a lo largo de un gradiente de perturbación afectó la abundancia de tres especies de aves insectívoras: El Hormiguero ventriblanco (Myrmeciza longipes), El Batará rayado (Thamnophilus doliatus) y el Pijuí pechiblanco (Synallaxis albsecens) en un remanente de bosque seco neotropical en Colombia central?.

Los métodos empleados para este estudio se basaron en los censos de aves y la cuantificación de las condiciones del hábitat desde junio de 2018 a junio de 2019 en el área de estudio, ubicada en el Valle del Magdalena, que se encuentra en restauración ecológica luego de la construcción de la represa hidroeléctrica “El Quimbo”, con un gradiente de condiciones de hábitat, desde crecimientos secundarios relativamente avanzados hasta áreas recientemente perturbadas. Se comparó la abundancia relativa de aves entre las tres zonas con perturbación creciente y se modeló la relación entre la abundancia de aves con las condiciones del micro y del hábitat del paisaje, con regresión del modelo lineal generalizado de Poisson.

Para el desarrollo del objeto de estudio, en los trabajos de campo en las zonas priorizadas para el Plan Piloto, se ubicaron 62 puntos de conteo que funcionaron también como parcelas de medición del hábitat. Se estimó la calidad de hábitat por medio del Índice de Adecuabilidad de Hábitat (HSI, por sus siglas en inglés), el análisis de coberturas con Sistemas de Información Geográfica y regresiones múltiples con datos de los puntos de conteo visitados.

De manera fundamental, la evaluación de hábitat se basó en la medición de unas variables de microhábitat limitantes para la reproducción y supervivencia de las poblaciones de estas especies, que, de manera general, se clasifican en tres aspectos: alimentación, reproducción y cobertura. También se midieron algunas variables de macrohábitat que generalmente son condiciones abióticas que afectan la ocupación y distribución de las poblaciones, como por ejemplo la humedad relativa y la elevación.

Los resultados obtenidos resaltan que la abundancia relativa de las tres especies de aves varió según las características del hábitat y el nivel de perturbación. La abundancia de Hormiguero ventriblanco fue mayor en bosques y matorrales que en fragmentos de matorrales; El Batará rayado fue más abundante en matorrales que en fragmentos de bosque, y el Pijuí pechiblanco tenía la mayor abundancia en matorrales y la menor en fragmentos de bosque. La abundancia tanto del Hormiguero ventriblanco como del Pijuí pechiblanco no difirió entre zonas con diferentes niveles de perturbación, mientras que la abundancia de El Batará rayado, disminuyó en las zonas con más perturbación.

Como conclusiones de este estudio, se destaca que hubo diferencias significativas en las relaciones de hábitat de las tres especies insectívoras del sotobosque a lo largo del gradiente de perturbación, aunque estas especies se encontraban dentro del mismo grupo trófico. Estas especies de aves prefirieron diferentes etapas de sucesión de hábitats y respondieron a diferentes características del hábitat y del paisaje. Aumentar las áreas de fragmentos de bosque y disminuir la cantidad de borde serían prioridades de restauración útiles para estas y otras especies de aves similares en el área de estudio.

Quienes deseen conocer detalles de esta investigación de tesis doctoral, pueden consultar la publicación científica en el siguiente enlace:

https://link.springer.com/epdf/10.1186/s40657-020-00219-4

Gracias fundación Natura 

miércoles, 28 de octubre de 2020

Sistema para unir textiles y membranas recibe patente de la SIC

El diseño y la creación de un nodo que permite la unión de textiles y membranas entre ellas y con otros elementos estructurales, como cuerdas, tubos y madera, recibió patente de invención de la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC).

Este producto garantiza la impermeabilidad, evita el rasgado, prolonga la vida útil de las membranas y textiles y permite un aprovechamiento versátil de estos materiales.

Así lo afirma el arquitecto Leandro Hoyos Urrea, especialista en Diseño y Desarrollo de Producto y docente de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), a quien, junto con su equipo de trabajo –conformado por Iván Oliva, Mariana Buraglia Osorio y Diego Silva Gómez–, le fue otorgada la patente de invención “Sistema de unión de estructuras de dos piezas macho y hembra triangulares con bordes redondeados, que se encajan entre sí y su proceso de ensamble”.

El docente asegura que la invención de este nodo también representa un ahorro en estructuras como invernaderos, carpas y protectores, que se deben cambiar cuando se rasgan. Con este sistema, además de extender su vida útil, se requerirá mucho menos plástico.

“Cuando hacemos texturas textiles, obligatoriamente los materiales se deben coser o pegar, por lo que estas uniones multipropósito son una oportunidad para conectar sin problema algunas telas exigentes, como por ejemplo las membranas de invernadero, pues permite reforzarlas para que resistan más y se evita gastar más en tela”, detalló el profesor Hoyos.

Las primeras pruebas se hicieron en Parques Naturales, donde estas estructuras estuvieron cuatro meses resistiendo todo tipo de condiciones, recordó.

Los nodos son compatibles con telas tan específicas como las resistentes a rayos, a las que harían más livianas; generalmente estas se usan en antenas y equipos de telecomunicaciones expuestos a los diferentes climas y cambios de ambiente.

Los nodos son de plástico, y para su amarre o ajuste traen consigo amarraderas plásticas en la misma estructura, además de remaches, puntillas y tornillos.

El proceso de la patente empezó en 2015, a partir de un diseño preliminar norteamericano que trataron de importar, pero como a los dueños no les interesó, decidieron rediseñarlo y gestionar la patente de invención.

Este sistema forma parte de un proyecto principal de Colciencias que consiste en el diseño y la fabricación de un sanitario ecoamigable denominado SECCO, el cual puede reducir a cero los casi 22.000 litros de agua que una sola persona contamina al año cuando usa el sanitario tradicional.

Antes de llegar al producto final se hicieron 6 modelos preliminares en impresión 3D. A todos los elementos se les hicieron pruebas estáticas y dinámicas de carga estandarizadas.

Las pruebas estáticas consisten en fijar los nudos y ponerles cargas que se mueven solo por gravedad; en este caso han resistido hasta 100 kg antes de que los puntos más débiles se rompan.

Las pruebas dinámicas consisten en poner cargas que ejercen fuerza al mismo tiempo, y se pueden disponer para que se muevan y así generar distintos esfuerzos.

Los textiles que se han probado han sido especialmente de poliéster y polietileno de calibre 24, que equivalen a alrededor de membranas de 0,6 mm.

Por el momento, se hizo un tiraje inicial de 2.000 unidades de nodos, pero con la certificación de la patente se comenzará una nueva dinámica para conseguir un mayor número de réplicas.

Según el profesor Hoyos, como los nodos son de plástico y pequeños, son altamente replicables y muy sencillos de fabricar; ya se han hecho en países como México, Chile y Panamá, entre otros.