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martes, 2 de marzo de 2021

Universidades latinas indagan sobre efectos de la pandemia

 Conocer cuáles son las condiciones en las que se encuentran estudiantes, profesores y directivos de las universidades, además de ahondar en la situación actual de violencia e igualdad de género, son la prioridad de una encuestada adelantada por la Unión de Universidades de América Latina y el Caribe (UDUAL).

Con este mecanismo, en el que se espera la participación de más de 230 universidades de 24 países, se busca elaborar un diagnóstico de la situación actual de las instituciones de educación superior de América Latina y el Caribe, en especial de aquellas de la UDUAL, organización que preside la profesora Dolly Montoya Castaño, rectora de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).

La encuesta, que se aplicará entre marzo y abril de este año, para consolidarla a finales de abril, se enfocará en temas como la salud, el acceso a tecnologías y conectividad, los procesos de enseñanza y la igualdad y violencia de género durante la pandemia por COVID-19.

A partir de dicho diagnóstico se obtendrán datos que permitan reflexionar sobre el impacto de la pandemia en las instituciones, se rescatarán aprendizajes de este, y se harán propuestas que ayuden a buscar soluciones comunes frente a los nuevos retos en las universidades de América Latina y el Caribe.

Desde la Dirección de Relaciones Exteriores (DRE) de la UNAL, aclaran que no será una encuesta cerrada para las instituciones que forman parte de la UDUAL, pues el objetivo es que sea lo más global posible.

Por tal razón, se encontrará disponible en español, francés, inglés y portugués, y se podrá responder desde cualquier dispositivo electrónico con acceso a internet.

Línea de tiempo

Para este fin, primero se utilizará una metodología cuantitativa de encuesta en línea a estudiantes y profesores de las universidades pertenecientes a la UDUAL, sobre la situación social. Además se aplicará otra encuesta en línea sobre violencia e igualdad de género a los estudiantes de dichas universidades.

Las encuestas se divulgarán a través de los medios de comunicación y las redes sociales de las universidades, utilizando anuncios publicitarios, páginas web, pósteres y correos. Después se recopilará la información vía web a través de servidores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y por último se hará análisis y se obtendrán datos estadísticos y cartografía temática, además de informes finales.

Para el factor cualitativo se realizarán 18 grupos de enfoque integrados por estudiantes, profesores y directivos, en los cuales se busca recoger experiencias, testimonios, propuestas y  posibles cambios a las formas en las que las universidades latinoamericanas y del Caribe abordan la enseñanza y el uso de sus recursos durante la pandemia.

Los grupos están divididos en seis regiones: México, Caribe, Brasil, Centroamérica, Andina y Cono Sur, y en cada una participarán tres universidades.

Cuando se finalicen los grupos de enfoque se aplicará la técnica Delphi (método sistemático e interactivo de predicción que se basa en un grupo de expertos) con el propósito de construir consensos y recopilar propuestas concretas y sustentadas en cada uno de los grupos.

En este punto se hará una convocatoria de los participantes de los grupos de enfoque, luego se realizarán dichos grupos vía web, y al final se hará grabación, transcripción y análisis de la información.

Incertidumbre en las universidades

Aunque hasta ahora se han evidenciado problemas de fondo que no estaban en la agenda de las universidades –como el acceso de los estudiantes a la información, a una red estable de internet o a equipos idóneos para realizar sus estudios de manera remota–, aún sigue faltando información. No se conoce cuál es la situación de las universidades de América Latina y el Caribe frente a la pandemia.

Tampoco se conocen las medidas implantadas por las universidades frente a la COVID-19, por lo que no es posible hacer comparaciones que permitan compartir mejores prácticas y experiencias en la región.

Por último, durante el confinamiento se ha incrementado la violencia de género en las sociedades, por lo que también es un tema de gran relevancia para las instituciones, con el fin de crear mecanismos para prevenirla y erradicarla.

Por todo lo anterior, la encuesta que hoy presenta la UDUAL, y de la cual forma parte la UNAL, tiene una importancia de gran alcance, pues diagnósticos como estos permitirán tomar mejores decisiones y buscar soluciones comunes a problemáticas que enfrentan no solo las universidades sino también las sociedades de América Latina y el Caribe.






jueves, 1 de octubre de 2020

Chachafruto, alimento de vida en época de pandemia

Este fruto, que los indígenas expandieron por todo el continente americano para alimentar a las comunidades y sus animales, se puede convertir en un excelente complemento nutricional para la humanidad en tiempos de escasez

“Recuperar el chachafruto es un reencuentro, una reivindicación de nuestra cultura y de nuestros antepasados, y es un homenaje a la naturaleza que nos da estos milagros de vida”.

Así se refirió a este alimento la estudiante de Nutrición y Dietética Laura Salazar, de la U. de Antioquia, en el conversatorio “¿Qué hay para comer?” organizado por la Dirección de Bienestar Universitario de la Facultad de Minas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín, en el cual se presentaron las bondades de este “ingrediente inédito”.

En la sesión también participaron la emprendedora Alejandra Mejía y el magíster en Psicopedagogía Luis Felipe Monsalve, coordinador de actividades de Bienestar de la UNAL Sede Medellín, quienes invitaron a redescubrir y disfrutar los sabores y beneficios para la salud que aporta este alimento olvidado, pero delicioso y nutritivo.

“Para este semestre propusimos una serie de programas para reflexionar sobre qué y cómo comemos, que invita a conocer y reconocer ingredientes y preparaciones del recetario nacional”, señala Iris Olaya, directora de Bienestar Universitario de la Facultad de Minas de la UNAL Sede Medellín.

Además de presentar alternativas de alimentación a la comunidad universitaria, este espacio también procura recuperar, conocer y valorar los alimentos tradicionales, para reivindicar ingredientes ancestrales.

“Todo gira alrededor de tener una alimentación saludable que sea sostenible y de saber qué nutrientes nos aporta cada uno de estos ingredientes”, afirma la directora de Bienestar.

Llegó con los incas

Ervirhrina elulis Triana, chachafruto, balú, o fríjol del árbol, tesoro andino que florece en todo Suramérica, llegó a Colombia desde Perú con los indígenas inganos, descendientes de los incas que huían de la guerra y que trajeron semillas cocinadas como fiambre y otras vivas que plantaban en los caminos, hasta establecerse en Putumayo.

Durante la colonización antioqueña, cuando en sus largas correrías los arrieros agotaban sus provisiones, cocinaban a modo de fríjoles las semillas de chachafruto que encontraban en el camino.

Muchos campesinos lo usaban en un “sancocho” con plátano y yuca para alimentar a los cerdos, y molían las vainas para las vacas. Con chachafruto se alimentaron generaciones enteras en zonas rurales apartadas, salvándolas de la hambruna.

También fue sombrío para grandes cultivos de café y ayudó a recuperar suelos desgastados como abono orgánico, con un importante aporte de nitrógeno que fertiliza la tierra.

El chachafruto crece silvestre y muy rápido, sin domesticar, brota casi espontáneamente. El árbol puede alcanzar los 14 m, y a los dos años da su primera cosecha, pequeña, para regalar a los seis o siete años una gran producción.

Crece entre los 1.200 y 2.300 msnm en la media a alta montaña, donde tenga sombrío y agua suficiente, sobre todo en regiones con buena lluvia (necesita de 1.200 a 2.000 mm de agua por año). También es ornamental, por sus flores vistosas y coloridas, entre rojizas y anaranjadas. Sirve de cerco vivo y para fijar la tierra previniendo la erosión.

Superalimento

“Es un superalimento, otro de los llamados ‘frutos de vida’ porque abunda en una naturaleza generosa, se da de manera espontánea en cualquier sitio, crece silvestre sin que nadie lo cuide, y en temporadas de escasez era el aprovisionamiento de alimento”, cuenta la estudiante Mejía.

Agrega que quizás por haber recurrido a él en tiempos difíciles, cuando las cosechas tradicionales no daban fruto o tenían plaga, se asoció con un fruto de pobreza y se estigmatizó como el “primo pobre del fríjol”, pero cuando había pocos alimentos suplía necesidades nutricionales.

“En 100 g de chachafruto –unas 12 o 13 vainas o semillas– hay cerca de 23 g de proteína, lo cual es un excelente aporte. También es rico en aporte de minerales como magnesio, fósforo y potasio, importantes para la nutrición humana”, indicó la estudiante.

Su versatilidad permite preparar sopas similares a las que se hacen con fríjoles, además de bebidas y chichas, arepas y panes, empanadas, tortas, natillas, coladas, papillas para bebé, e incluso puede comerse solo como pasaboca con sal o con panelitas dulces.

Para procesarlo se desgrana, se cocina en agua de 25 a 30 minutos y luego se le quita la cáscara. Cuanto más joven mejor es su contenido de proteína, textura y sabor. Se mezcla con leche para hacer dulces o se come solo. Fue el snack campesino por excelencia; en las tardes, sentaban los niños a pelarlo y comerlo.

Las semillas se utilizan como ingrediente base, o mezcla con otros como harina o cereales, para preparaciones dulces o saladas, como masa de pizza, arequipe, dulces, entre otros. La semilla cruda, pelada y tajada, se usa como chachafritas.

En suma, en estas épocas de pandemia, el chachafruto puede convertirse en un excelente complemento nutricional para la humanidad.