viernes, 24 de julio de 2026

Compuestos del cannabis y la pimienta negra muestran potencial contra el cáncer cerebral más agresivo

 Reducir los efectos secundarios de la quimioterapia y mejorar la calidad de vida de los pacientes con glioblastoma multiforme, un tumor cuya supervivencia a cinco años es inferior al 5 %, sería posible gracias a compuestos derivados de la planta de cannabis y de la pimienta negra. Los resultados obtenidos en laboratorio muestran que estas sustancias tienen potencial para complementar el tratamiento de uno de los cánceres cerebrales más agresivos que existen.

El glioblastoma multiforme es el cáncer cerebral primario más agresivo, que crece rápidamente, invade el tejido sano del cerebro y suele reaparecer incluso después del tratamiento.

Además de poner en riesgo la vida de los pacientes, provoca secuelas que deterioran significativamente su calidad de vida, entre ellas epilepsia y otras alteraciones neurológicas asociadas tanto con el tumor como con los tratamientos disponibles.

Este tipo de cáncer afecta con mayor frecuencia a los hombres, y aunque se puede presentar a cualquier edad, suele diagnosticarse alrededor de los 64 años. En países como Estados Unidos se reportan cada año cerca de 3,19 casos nuevos por cada 100.000 habitantes. A pesar de ser una enfermedad poco frecuente, las opciones terapéuticas siguen ofreciendo resultados limitados y suelen producir efectos secundarios importantes.


Datos incidencia y mortalidad en Colombia (2018-2040)

Para el 2040 se estima un aumento en la incidencia y la mortalidad en los casos cáncer de cerebro y otras enfermedades del Sistema Nervioso Central

Source: GLOBALCAN

Frente a este panorama, el químico farmacéutico Andrés Turizo Smith, doctor en Oncología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), decidió explorar una alternativa poco convencional: evaluar el potencial terapéutico contra este tipo de cáncer de compuestos presentes en la planta de cannabis (Cannabis sativa) y en la pimienta negra (Piper nigrum).

Los cannabinoides son compuestos naturales presentes en la planta de cannabis; de estos se analizaron principalmente el cannabigerol y el cannabicromeno, los cuales mostraron una potente actividad citotóxica, es decir que fueron capaces de inducir la muerte de las células cancerosas.

La efectividad de estos compuestos se observó con dosis significativamente más bajas que las usadas con medicamentos de quimioterapia como la temozolomida y el cisplatino, utilizados para tratar este tipo de cáncer, y que, para lograr un efecto similar, requieren concentraciones más altas. Esto resulta especialmente importante porque el glioblastoma multiforme es conocido por desarrollar resistencia a la quimioterapia convencional.

“A medida que el cáncer se vuelve más agresivo y maligno, el tejido pierde las características propias de las células normales y empieza a comportarse de manera similar a una célula madre. Se vuelve ‘egoísta’, pues su único fin es crecer, proliferarse y expandirse. Además, altera el sistema inmune para favorecer su propio crecimiento”, señala el investigador.

Precisamente por ello resalta que los compuestos del cannabis analizados mostraron que, cuanto más agresivo era el cáncer, mayor era el efecto de los cannabinoides sobre las células tumorales: el tejido tumoral se vuelve más sensible a la acción de estos compuestos.

Hallazgos que abren nuevas posibilidades terapéuticas

Luego de analizar 20 muestras de tumores de pacientes colombianos, el investigador identificó que el 67 % expresaba la proteína PTEN-induced kinase 1 (PINK1), la cual participa en la eliminación de las mitocondrias dañadas (estructuras que generan la energía de las células) y ayuda a regular su funcionamiento.

Como PINK1 no se expresa en las células normales, ofrece una oportunidad para diseñar terapias dirigidas que ataquen directamente el tumor, reduciendo los efectos adversos y evitando el daño sobre el tejido sano, a diferencia de la quimioterapia convencional.

Además, los resultados de la investigación mostraron que estos compuestos del cannabis ayudarían a aliviar algunos síntomas asociados con el glioblastoma, especialmente las crisis epilépticas.

“Los compuestos tienden a ser neuroprotectores, es decir que ayudan a proteger las neuronas; antiinflamatorios, porque disminuyen la inflamación; y antiepilépticos, ya que ayudan a controlar las crisis epilépticas. Este último efecto es especialmente importante para tratar el glioblastoma multiforme, porque entre el 30 y 50 % de los pacientes presentan epilepsia debido a la ubicación del tumor”, asegura el experto.

Otro hallazgo fue la capacidad que tendrían estos compuestos para llegar hasta el cerebro. Mediante el uso de la técnica in silico (una simulación por computador que permite predecir cómo se comportaría una sustancia en el organismo antes de realizar pruebas de laboratorio) se demostró que la mayoría de los cannabinoides analizados tienen alta probabilidad de atravesar la barrera hematoencefálica, una barrera natural que protege al cerebro y controla qué sustancias pueden entrar o salir de él.

Lograr atravesar esta barrera representa un avance importante, ya que los tratamientos convencionales para este tumor cerebral tienen dificultades para penetrarla, con excepción de la temozolomida.

“Los cannabinoides suelen tener baja absorción gastrointestinal porque el cuerpo es mayoritariamente agua. Sin embargo, al ser compuestos con afinidad por las grasas (lipofílicos), atraviesan con gran facilidad la barrera hematoencefálica”, explica el investigador.

Entre los compuestos con mayor probabilidad de llegar al cerebro, los análisis ubicaron el cannabicromeno, el cannabigerol, el cannabidiol y el tetrahidrocannabinol, junto con la piperina y el beta-cariofileno de la pimienta negra.

El investigador aclara que aunque estos hallazgos se obtuvieron en pruebas de laboratorio y aún requieren nuevas etapas de investigación, los resultados son prometedores porque contribuirían a mejorar la calidad de vida de los pacientes diagnosticados con este tipo de cáncer, al reducir los efectos secundarios del tratamiento convencional, que combina cirugía, quimioterapia y radioterapia.

Añade que avanzar hacia ese objetivo también dependerá de que el apoyo a este tipo de investigaciones se fortalezca, ya que sus resultados se podrían traducir en nuevas alternativas terapéuticas para los pacientes con glioblastoma multiforme, especialmente para aquellos que enfrentan dificultades para acceder oportunamente a tratamientos especializados.






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