Reducir los efectos secundarios de la quimioterapia y mejorar la calidad de vida de los pacientes con glioblastoma multiforme, un tumor cuya supervivencia a cinco años es inferior al 5 %, sería posible gracias a compuestos derivados de la planta de cannabis y de la pimienta negra. Los resultados obtenidos en laboratorio muestran que estas sustancias tienen potencial para complementar el tratamiento de uno de los cánceres cerebrales más agresivos que existen.
El glioblastoma multiforme es el cáncer cerebral primario
más agresivo, que crece rápidamente, invade el tejido sano del cerebro y suele
reaparecer incluso después del tratamiento.
Además de poner en riesgo la vida de los pacientes, provoca
secuelas que deterioran significativamente su calidad de vida, entre ellas
epilepsia y otras alteraciones neurológicas asociadas tanto con el tumor como
con los tratamientos disponibles.
Este tipo de cáncer afecta con mayor frecuencia a los
hombres, y aunque se puede presentar a cualquier edad, suele diagnosticarse
alrededor de los 64 años. En países como Estados Unidos se reportan cada año
cerca de 3,19 casos nuevos por cada 100.000 habitantes. A pesar de ser una
enfermedad poco frecuente, las opciones terapéuticas siguen ofreciendo
resultados limitados y suelen producir efectos secundarios importantes.
Datos incidencia y mortalidad en Colombia (2018-2040)
Para el 2040 se estima un aumento en la incidencia y la
mortalidad en los casos cáncer de cerebro y otras enfermedades del Sistema
Nervioso Central
Source: GLOBALCAN
Frente a este panorama, el químico farmacéutico Andrés
Turizo Smith, doctor en Oncología de la Universidad Nacional de Colombia
(UNAL), decidió explorar una alternativa poco convencional: evaluar el
potencial terapéutico contra este tipo de cáncer de compuestos presentes en la
planta de cannabis (Cannabis sativa) y en la pimienta negra (Piper
nigrum).
Los cannabinoides son compuestos naturales presentes en la
planta de cannabis; de estos se analizaron principalmente el cannabigerol y el
cannabicromeno, los cuales mostraron una potente actividad citotóxica, es decir
que fueron capaces de inducir la muerte de las células cancerosas.
La efectividad de estos compuestos se observó con dosis
significativamente más bajas que las usadas con medicamentos de quimioterapia
como la temozolomida y el cisplatino, utilizados para tratar este tipo de
cáncer, y que, para lograr un efecto similar, requieren concentraciones más
altas. Esto resulta especialmente importante porque el glioblastoma multiforme
es conocido por desarrollar resistencia a la quimioterapia convencional.
“A medida que el cáncer se vuelve más agresivo y maligno, el
tejido pierde las características propias de las células normales y empieza a
comportarse de manera similar a una célula madre. Se vuelve ‘egoísta’, pues su
único fin es crecer, proliferarse y expandirse. Además, altera el sistema
inmune para favorecer su propio crecimiento”, señala el investigador.
Precisamente por ello resalta que los compuestos del
cannabis analizados mostraron que, cuanto más agresivo era el cáncer, mayor era
el efecto de los cannabinoides sobre las células tumorales: el tejido tumoral
se vuelve más sensible a la acción de estos compuestos.
Hallazgos que abren nuevas posibilidades terapéuticas
Luego de analizar 20 muestras de tumores de pacientes
colombianos, el investigador identificó que el 67 % expresaba la proteína
PTEN-induced kinase 1 (PINK1), la cual participa en la eliminación de las
mitocondrias dañadas (estructuras que generan la energía de las células) y
ayuda a regular su funcionamiento.
Como PINK1 no se expresa en las células normales, ofrece una
oportunidad para diseñar terapias dirigidas que ataquen directamente el tumor,
reduciendo los efectos adversos y evitando el daño sobre el tejido sano, a
diferencia de la quimioterapia convencional.
Además, los resultados de la investigación mostraron que
estos compuestos del cannabis ayudarían a aliviar algunos síntomas asociados
con el glioblastoma, especialmente las crisis epilépticas.
“Los compuestos tienden a ser neuroprotectores, es decir que
ayudan a proteger las neuronas; antiinflamatorios, porque disminuyen la
inflamación; y antiepilépticos, ya que ayudan a controlar las crisis
epilépticas. Este último efecto es especialmente importante para tratar el
glioblastoma multiforme, porque entre el 30 y 50 % de los pacientes
presentan epilepsia debido a la ubicación del tumor”, asegura el experto.
Otro hallazgo fue la capacidad que tendrían estos compuestos
para llegar hasta el cerebro. Mediante el uso de la técnica in silico (una
simulación por computador que permite predecir cómo se comportaría una
sustancia en el organismo antes de realizar pruebas de laboratorio) se demostró
que la mayoría de los cannabinoides analizados tienen alta probabilidad de
atravesar la barrera hematoencefálica, una barrera natural que protege al
cerebro y controla qué sustancias pueden entrar o salir de él.
Lograr atravesar esta barrera representa un avance
importante, ya que los tratamientos convencionales para este tumor cerebral
tienen dificultades para penetrarla, con excepción de la temozolomida.
“Los cannabinoides suelen tener baja absorción
gastrointestinal porque el cuerpo es mayoritariamente agua. Sin embargo, al ser
compuestos con afinidad por las grasas (lipofílicos), atraviesan con gran
facilidad la barrera hematoencefálica”, explica el investigador.
Entre los compuestos con mayor probabilidad de llegar al
cerebro, los análisis ubicaron el cannabicromeno, el cannabigerol, el
cannabidiol y el tetrahidrocannabinol, junto con la piperina y el
beta-cariofileno de la pimienta negra.
El investigador aclara que aunque estos hallazgos se
obtuvieron en pruebas de laboratorio y aún requieren nuevas etapas de
investigación, los resultados son prometedores porque contribuirían a mejorar
la calidad de vida de los pacientes diagnosticados con este tipo de cáncer, al
reducir los efectos secundarios del tratamiento convencional, que combina
cirugía, quimioterapia y radioterapia.
Añade que avanzar hacia ese objetivo también dependerá de
que el apoyo a este tipo de investigaciones se fortalezca, ya que sus
resultados se podrían traducir en nuevas alternativas terapéuticas para los
pacientes con glioblastoma multiforme, especialmente para aquellos que
enfrentan dificultades para acceder oportunamente a tratamientos
especializados.














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