martes, 6 de septiembre de 2022

Algoritmo protege bases de datos biométricas de ataques cibernéticos

 En la era digital uno de los peligros más latentes es el robo de datos y la suplantación de identidad, incluso de las medidas físicas de las personas. Un algoritmo le hace jaque a los delincuentes cibernéticos y en archivos individuales permite ocultar de manera segura los datos del rostro, las huellas dactilares, el iris de los ojos, las orejas, la voz y hasta el movimientos de los usuarios de los sistemas digitales, haciendo más difícil cualquier fraude.

El reconocimiento a través de los datos relacionados con la medición de los rasgos y características físicas de las personas se dio a conocer en 1858 en la India, con el uso de las huellas en un contrato de negocios, y su evolución hace que hoy se utilice la huella incluso para desbloquear los celulares que usamos todos los días.

“En la pandemia se vio la importancia de estos sistemas, ya que al manejar todo de manera virtual o remota, los exámenes Saber Pro o las pruebas para entrar a algún empleo requerían conocer si la persona que estaba detrás de la pantalla era quien decía ser”, menciona el profesor e investigador Agustin Moreno Cañadas, del Departamento de Matemáticas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).

Por medio del software de programación Python, el experto diseñó un algoritmo y lo ejecutó en FERET, una base de datos clásica y referente para la evaluación del reconocimiento facial, en la cual se encuentran consignadas 2.413 imágenes de rostros de 856 personas, recopiladas entre 1993 y 1996.

El mecanismo utiliza el concepto de “álgebras de configuración de Brauer”, que permite proteger datos por medio del ocultamiento en distintas capas y servidores, en especial información biométrica.

“En el interior de una imagen principal se ponen varias imágenes, pero en realidad estas se guardan en otras partes, como si fueran carpetas distintas, lo cual permite que la información esté oculta y se pueda proteger mucho mejor que si estuviera toda en un mismo lugar”, explica el profesor Moreno.

A este proceso se le llama “esquema de secreto compartido”, que, en palabras más sencillas, es como guardar dinero en distintos bolsillos, por ejemplo unos billetes en el pantalón, otros en la chaqueta y otros en la maleta, de manera que si alguno de ellos se pierde se tiene un respaldo de este recurso, haciendo más difícil el robo de datos.

“Es una manera alternativa de guardar la información de uno o muchos usuarios; es como tomar mi imagen facial digital para ser reconocido y que dentro de esta se encuentre guardado el rostro de toda mi familia, y que estos datos sean secretos, pudiendo obtenerlos cuando lo requiera con un experto; hasta el momento es una técnica indescifrable para agentes externos”, indica.

Tecnología en auge en el mundo, pero incipiente en Colombia

Con respecto al desarrollo de sistemas tecnológicos que apliquen datos biométricos en el mundo, el profesor Moreno hace referencia a Japón, donde los bancos han reemplazado las  claves digitales en cajero automáticos por la identificación de los rasgos de las venas de los dedos de las manos de cada persona; así mismo, nombra a Inglaterra como una de las potencias en este tipo de tecnologías.

Al referirse a Colombia, dice que al desarrollo de métodos biométricos aún le falta un gran avance para estar a la par con países más desarrollados, y recalca la importancia que representaría para el país el uso de estas tecnologías para resolver problemas de infracciones en las vías y hurtos a vehículos.

“En Bogotá, aunque se implementaron cámaras de seguridad que identificaran a los conductores infractores, la Corte Constitucional no dio aval a la medida porque se requería de una tecnología especializada que los identificara de manera única y biométrica, y que en el país no está tan desarrollada”, menciona.

Este tema también levanta discusiones en torno a la libertad de expresión y a los derechos sobre la imagen personal, que hoy se registra muy fácilmente en las redes sociales, lo cual lleva a preguntarse sobre qué tanta privacidad existe en el mundo, y cómo se están utilizando los datos.

Por el momento el algoritmo del profesor Moreno no se ha llevado a la práctica en la base de datos de alguna empresa o entidad específica, pero en el futuro se ve como una posibilidad que tendría un impacto positivo en la seguridad de los usuarios que accedan a estos inventarios.






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