Un modelo de financiamiento les permitiría a los hogares colombianos de estratos 1 al 4 instalar paneles solares, reducir hasta en un 71 % la pobreza energética, y generar ahorros cercanos a los 80 millones de pesos en 20 años. La propuesta, desarrollada por investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Medellín y la organización Emergentes (creadora de proyectos de energía sostenible), plantea rutas concretas para que la energía solar deje de ser una alternativa lejana y se convierta en una inversión asequible para las familias.
Colombia es un país de gran potencial energético: cada metro
cuadrado del país recibe más de 4,5 kilovatios/hora de radiación solar al
día, lo que, en términos simples, es lo que consume un horno microondas
encendido durante casi 5 horas continuas.
A pesar de esa abundancia, los hogares aún tienen barreras
para aprovechar este recurso. Por eso el Grupo de Ciencias de la Decisión de la
Facultad de Minas de la UNAL Sede Medellín y Emergentes publicaron una hoja de
ruta que explora las alternativas financieras para que las familias accedan a
energía limpia y la conviertan en un ahorro real en sus facturas.
Santiago Ortega, director de Innovación de Emergentes y
egresado de la Facultad de Minas, lo explica de manera sencilla: “los proyectos
de energía solar son muy rentables, incluso mucho más que los certificados de
depósito a término (CDT), porque les generan muchas más ganancias a las
personas a largo plazo. Aunque existen varias opciones de financiamiento para
empresas, en el caso de los hogares estas alternativas son limitadas, y por eso
nos propusimos identificar por qué ocurre esto y cómo superarlo”.
Para ello, el estudio consultó a más de 50 académicos,
funcionarios, entidades financieras y empresas del sector energético
colombiano. Uno de los principales hallazgos fue que las entidades financieras,
especialmente los bancos, no otorgan suficientes créditos para proyectos de
paneles solares porque no los consideran como una garantía tradicional.
“Por ejemplo, si uno lleva el carro como respaldo para un
préstamo, el banco lo acepta sin problema, pero los paneles solares no tienen
el mismo carácter mercantil”, explica el ingeniero Ortega.
A partir de allí, los investigadores definieron 6
estrategias para que los ciudadanos rurales con casa propia inviertan con mayor
facilidad en energías limpias sin perder la confianza de las instituciones
bancarias; estas son: financiación con reforma de vivienda por medio de cajas
de compensación; créditos a través de fondos de empleados; financiación con
cooperativas o microfinancieras con recursos de banca; finanzas mixtas; bonos
de impacto; y leasing para personas naturales.
“Analizamos los 6 modelos y destacamos 3 como los más
viables para los ciudadanos de a pie en Colombia”, amplía.
El primero, a través de las cajas de compensación, les
permite a las familias tener su proyecto de energía solar con su vivienda como
garantía y los descuentos por nómina, con tasas competitivas y un impacto
social notable: reducción de la pobreza energética hasta en un 71 % y
aumento de los ingresos familiares cercanos a los 80 millones de pesos en 20
años.
El segundo modelo, impulsado por los fondos de empleados,
ofrece créditos con deducción automática de nómina y tasas favorables, con
beneficios visibles para los afiliados, como una reducción de hasta el
65 % de la pobreza energética.
El tercero, mediante cooperativas apoyadas por instituciones
financieras intermediarias, les abre la puerta a quienes no acceden a la banca
tradicional, con márgenes de utilidad de hasta el 15 % y mejoras en
ingresos de hasta 76 millones de pesos por proyecto.
Ahorro para el futuro
Los paneles fotovoltaicos convierten la luz solar en energía
eléctrica que se puede usar en hogares y comercios. Esta es una manera de
obtener energía limpia y renovable, ya que no genera ningún tipo de emisiones y
se pueden ubicar fácilmente en los techos, sin impacto visual ni ruido.
“Su rentabilidad varía según el territorio: en la región
Caribe Santa Marta presenta los mayores beneficios, con una rentabilidad
cercana al 31 % para hogares de estratos 1, 2 y 3; le siguen Neiva, en la
región sabanera, con un 24 %, y Tunja, en las regiones interandinas, con
un 20 %. Así mismo, los grupos socioeconómicos más beneficiados serían las
personas de estratos 1 al 4”.
“En cualquier lugar del país, a una familia de 4 personas le
costaría entre 20 y 25 millones de pesos un proyecto de energía solar, que se
pueden pagar en un plazos de 4 a 5 años, con cuotas moderadas, lo que les
ahorraría más de 4 millones anuales; esto teniendo en cuenta que los paneles
solares tienen una vida útil de 30 años”, explica el experto.
Estos hogares recibirían la factura de energía en cero.
Además, como evidencia el estudio, los paneles no requieren mayor
mantenimiento: solo una revisión anual y una eventual limpieza, que usualmente
se suple de manera natural con la lluvia.
En conjunto, implementar estos modelos no solo generaría
rentabilidad para las entidades financieras, sino que además, durante su vida
útil, evitarían la emisión de cerca de 98 toneladas de dióxido de carbono
(CO₂), un gas de efecto invernadero que contribuye al calentamiento global,
fenómeno que intensifica eventos extremos como sequías, olas de calor e
inundaciones.
Esta es la tercera entrega del proyecto, activo desde 2023.
Se espera que pronto se realice una nueva que contemple cómo comenzar a aplicar
las estrategias de financiamiento en la comunidad, con Medellín como punto de
partida. “Si todos aprendiéramos un poco más sobre educación energética, nos
ahorraríamos mucho dinero a largo plazo”, concluye el investigador Ortega.




.jpg)







